La rebeldía de "La Tusa": Justicia, Identidad y Resistencia en 1934.
En este Mes de la Mujer, quiero rescatar del archivo una imagen que condensa la intersección entre la represión estatal y la resistencia de las mujeres que la historia oficial suele omitir.Este es un documento fascinante. Se trata de un reportaje del diario "Ahora", publicado originalmente el 13 de diciembre de 1934. El texto narra el Consejo de Guerra contra **Catalina Junquera y Valencia**, conocida como "La Tusa" (o "La Juncá" según algunas erratas del texto), una joven de 17 años acusada de complicidad en los sucesos revolucionarios de octubre de 1934 en Sevilla.
El caso se enmarca en la represión posterior a la Revolución de Octubre de 1934. Bajo el "estado de guerra", civiles eran juzgados por tribunales militares. Lo que hace especial este recorte es la desproporción: un aparato militar imponente (generales, fiscales y un Consejo de Guerra) para juzgar a una menor de edad por la posesión de una pistola que, según la defensa, ella simplemente recogió del suelo.
El artículo es un ejemplo perfecto de la mirada condescendiente y racializada de la prensa de la época. El periodista utiliza un tono paternalista, llamándola "gitanilla" y resaltando su "salerosa cara" o su "gracia", restándole agencia política a sus actos. Se intenta convertir un proceso judicial serio en una "crónica de costumbres", despojando a Catalina de su dignidad como sujeto de derecho para convertirla en un personaje folclórico.
A pesar del tono burlón del cronista, la voz de Catalina emerge con una fuerza arrolladora. Sus respuestas al juez ("¿Cómo si no lo supiera usté?") y su negativa rotunda a casarse por imposición demuestran una **autonomía personal** que desafiaba tanto al sistema judicial militar como a las estructuras patriarcales de su propio entorno.
Catalina no se dejó intimidar por el "aparato del acto". Su lenguaje directo y su negativa a someterse al protocolo rígido del juicio muestran una forma de resistencia cultural y de clase.
En un momento de máxima vulnerabilidad, Catalina utilizó el estrado para gritar su independencia: "¡Que no me iba a casar con ese!". En un mundo que decidía por ella, su "no" fue un acto de soberanía sobre su propio cuerpo y destino.
Su caso nos recuerda cómo el sistema legal ha operado históricamente de forma diferenciada sobre las mujeres racializadas, convirtiendo sus vidas en espectáculos o "curiosidades" bibliográficas.
Hoy reivindicamos a las Catalinas de nuestra historia: mujeres que, sin títulos ni grandes discursos teóricos, ejercieron una resistencia cotidiana, feroz y necesaria. Su "gracia" no era entretenimiento para el lector de 1934; era la armadura de una mujer que se negó a ser silenciada.
Transcripción literal :
### CONSEJO DE GUERRA CONTRA UNA GITANILLA ACUSADA DE COMPLICIDAD EN LOS PASADOS SUCESOS SEDICIOSOS
**“¿Y NO PODRÍA SÉ MENOS, SEÑÓ JUÉ?”**
La gitanilla tendrá gracia, pero los hechos, no. El caso es que con su salerosísima cara y sus diez y siete años, Catalina Junquera, “La Juncá”, llevaba, durante los pasados días revolucionarios en Sevilla, una pistola escondida en el pecho, dispuesta a dar el “¿quién vive?” y a prestar servicio a Antonio Torres Mesa, por quien parece que Catalina ha pasado más de una noche en vela. El procedimiento tenía la virtud de sacar de dudas a los guardias, cuando después de haber hecho limpia por los contornos, empezaban a sonar tiros en cada esquina. El caso es que a Catalina se le cogió “el cacharro”, y su consecuencia, tras descansar su pajolera gracia en un calabozo de la cárcel sevillana durante dos meses, ha comparecido ante un Consejo de guerra.
No se ha afligido poco ni mucho la procesada por la solemnidad y el aparato del acto. Tras la lectura del apuntamiento acogió con mucha sorpresa que el presidente le preguntara las generales de la ley:
—¿Cómo se llama la procesada?
—¡Vaya! ¿Como si no lo supiera usté!...
—¡Diga la procesada su nombre!
—¡Pero, don Jué, si lo ha leío ya eses hombre tres veces y lo ha oído usté!... Ahora, que si es capricho... ¿se creía usté que lo iba yo a negá?... Catalina Junquera y Valencia, “La Juncá”...
Ha sido, desde luego, lo único en que la gitanilla ha estado de acuerdo con el apuntamiento. Por lo demás, ni era suya la pistola—¡pero señó, una monita pobre, pero honrá, porque una lo é, y si no que lo diga tó er barrio, ¿pa qué iba a queré eso?—ni ella ha visto una vez siquiera al Antonio Torres Mesa—¡Torres ha dicho usté? Antonio er Modoso se ha llamado siempre...—ni tiene que ver con revoluciones ni tales perejiles. El que le cogió la pistola era un “mal pensao”, porque ella se la encontró en el suelo y no iba a dejarla allí, que argo había de valé, mal vendía, y todo lo demás eran dimes y diretes...
A pesar de que la gitanilla se puso en cruz, el Tribunal se fió más de los “civiles” y la condenó a cuatro meses y un día de arresto mayor, aunque abonándole los dos meses que lleva en prisión.
—¿Tiene usted algo que alegar?
—Misté, don Jué; muchos días me parece que ha puesto usté en los papeles. Si podía rascarle un mesecito, que quería su perió...
—Bueno, si no tiene nada que alegar la procesada, se da por terminado el juicio.
—¡Y pa qué vía grazná má, si esto lo tenían ustés preparao!
La madre de Catalina impetró también por su “chiquitiya”, cuando la sacaban de la Sala:
—¡Señó Jué, que no lo hará má!
—No puede ser, mujer; no puede ser.
—Ah, ¿no? Lo que no pué sé es resusitá muertos... Ni que tú hayás jecho reí a un niño chico... ¡barba de cabargata, que te va a arquilá “el Ataneo” pa los Reyes Mago!...
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**Pies de foto:**
*(Izquierda)*
La gitanilla Juquera, “La Juncá”, la gitanilla de diez y siete años a la que la Guardia civil encontró una pistola durante los pasados sucesos sediciosos en Sevilla. La procesada acaba de escuchar la relación de hechos del fiscal. “Digo, ¿tendrá valé?”
*(Centro)*
Catalina Junquera compareció ante el Tribunal con su pañolillo de talle y flores en el pelo. Donde lo hay, se luce...
*(Derecha)*
El defensor, don Modesto Carballo, que abogó por la procesada Catalina Junquera. (Fotos Gonsanhi)
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