sábado, 23 de marzo de 2024

“Los Gitanos de Cebú: Los Gitanos del mar” los primeros humanos adaptados genéticamente para sumergirse

 

“Los Gitanos de Cebú: Los Gitanos del mar” los primeros humanos adaptados genéticamente para sumergirse

 


Un grupo étnico que vive a los límites de la Ciudad de Cebú en la zona central de las Filipinas.  Son  los últimos nómadas del mar que existen, durante siglos han vivido  en el mar de manera completa, moviéndose por un tramo del océano comprendido entre Malasia, Filipinas e Indonesia. Aunque sus números rondan hasta medio millón por algunos etnólogos, los que viven en las islas filipinas, no superan los 35.000 (Magannon, 1998).

Todos los pueblos de esta índole han sido objeto de la imposición cultural y religiosa a partir de la colonización por los españoles desde los tiempos del rey Felipe II de España. Recordemos que   Filipinas fue colonia española durante más de 300 años. Tras la Guerra Hispano-estadounidense de 1898 continuaban jugando el papel de cabeza de turco, siéndole asignada la culpabilidad de todos los males de la sociedad. En las últimas décadas, algunos grupos se han visto obligados a establecerse de manera permanente en tierra firme debido a diferentes problemáticas a la hora de poder sobrevivir. Pero la mayoría siguen considerando el océano su hogar, viviendo en largos barcos conocidos como “lepa lepa”.

Establecerse en el mar ha sido su respuesta a la persecución, como la de gran parte del pueblo gitano del mundo, la de huir ante la asimilación o el asentamiento forzoso. En el mar tienen todo lo que necesitan para vivir y es en el mar, donde se sienten seguros. Para ellos, el mar representa la vida. Hasta las mismas mujeres dan a luz en el mar, no suelen hacerlo en tierra firme. Cocinan en sus casas flotantes o de pilares. Los niños prefieren jugar en el fango o en las aguas de bajo fondo a pie de sus casas. Los mayores al final de su vida, suelen pedir ser dejados en un islote inhabitado del mar para que mueran entre sus olas con discreción.

Son “parias”,  se les atribuye la delincuencia callejera, la mendicidad y la piratería en alta mar. Se encuentran cautivos por aquella siniestra espiral descendente que los desprotegidos y desafortunados tienen por ser gitanos. Los Bajau viven sin documentación y sin acceso al censo, ni a la educación, ni a la sanidad, algo que realmente necesitan cuando son obligados a vivir en tierra firme. La vida en tierra firme incluye una alimentación a la que no están acostumbrados, así como el contacto con enfermedades extrañas que en alta mar, no se dan. No tienen sentido de fechas ni de cumpleaños. La mayoría no saben cuántos años tienen, y muchos de los más pequeños ni siquiera tienen nombres. El concepto de estructuración temporal para ellos no tiene cabida—ninguno lleva relojes—el sol, las estrellas y la marea son sus únicas guías del paso del tiempo. Considerados escoria humana, repugnantes e indeseables por los ciudadanos de sus países anfitriones, no se les concede prácticamente ningún derecho legal. Solo son receptores de la caridad de alguna ONG o misioneros católicos o evangélicos.



Su vida depende del mar, no sólo como su hábitat natural y su único destino, sino como única forma de sustento. Se ganan la vida mediante la `pesca por apnea” y padecen los graves riesgos del buceo para el trepang,  (recolectaban y procesaban los  pepinos de mar, un pepino de mar invertebrado marino apreciado por su valor culinario en general y por sus propiedades medicinales).

                                                                PEPINO DEL MAR

"Cuando bucean a su manera tradicional, lo hacen varias veces durante unas ochos horas por día .La pesca por apnea ha desarrollado hasta mutaciones genéticas y una adaptación al medio acuático, insólitas. Tienen unos pulmones que han desarrollado una capacidad sobrehumana. Desde niños, los miembros más pequeños de la comunidad Bajau se revientan los tímpanos de forma muy temprana, lo cual les permite realizar nadar a las profundidades marinas. Según los expertos, los Bajau, son los primeros humanos que por mutación del ADN pueden sumergirse 13 minutos y hasta 70 metros bajo el mar. Melisa Ilardo, investigadora de la Universidad de Utah, tomó muestras de saliva y medidas del el bazo de todos los integrantes del grupo con un aparato de ultrasonidos compacto y descubrió que: los bajau tienen el bazo hasta un 50% más grande que otros pueblos vecinos no buceadores, esto  les proporcionan una ventaja genética para la inmersión. "Creemos que en los Bajau tienen una adaptación que aumenta los niveles de hormona tiroidea y, por tanto, aumenta el tamaño de su bazo". Los Bajau pertenecen a una rama que se desprendió de los Saluan hace unos 15.000 años. Segú la doctora, eso es "tiempo suficiente" para desarrollar esa adaptación acuática. También se cree que han evolucionado en cuanto a los vasos sanguíneos que hace que los pulmones se llenen con más sangre con el aumento de presión, algo que a ellos no les sucede. Haber desarrollado esta capacidad les permite practicar la pesca submarina no como deporte, sino como forma de supervivencia. Sin embrago, muchos sufren el síndrome de la descompresión, que afecta a quienes suben de las profundidades marinas sin respetar los tiempos de despresurización que necesita el cuerpo, es una de las enfermedades que afecta a esta particular población de nómadas del mar.

 


El aumento de la sobrepesca y de técnicas como el uso de dinamita o cianuro han ocasionado grandes problemas en las aguas de esa zona que afectan tanto a los ecosistemas como a los Bajau Laut, quienes han visto las aguas en las que habitaban amenazadas, siendo una de las causas por la que algunos grupos han debido desplazarse a tierra firme, donde normalmente tan solo acuden para enterrar a sus muertos y fabricar los barcos en los que viven.

 

Los Bajau Laut, tradicionalmente, han seguido una filosofía vital en cuanto a su relación con el océano basada en entenderlo y sentirlo como una entidad múltiple y viviente, creyendo en la existencia de espíritus en las corrientes y las mareas, en los arrecifes de coral y en los

. La vida de estos cazadores recolectores gira y en torno al respeto hacia el mar.

 


Aparecen mencionados en los escritos de 1521 del explorador veneciano Antonio Pigafetta, quien formó parte de la primera expedición que dio la vuelta al mundo  de Magallanes, realizada a bordo de la nao Victoria, la única que regresó a España. Pigafetta fue uno de los 18 hombres que sobrevivieron al viaje de los 265 de la tripulación inicial. Su relato de los hechos se titula Relación del primer viaje alrededor del mundo (1524), también conocido como la Relación de Pigafetta. Este relato es la fuente principal de información sobre el viaje de Magallanes y Elcano, y de la propia vida de Pigafetta. Por primera vez un europeo relataba el descubrimiento del estrecho de Magallanes, donde se constataba el paso navegable al océano Pacífico (masa de agua conocida desde 1513 por Vasco Núñez de Balboa, que la llamó «mar del Sur»), la Patagonia o el primer documento disponible acerca del idioma cebuano de Filipinas. Pues en estos documentos, ya estaban mencionados estos gitanos o nómadas del mar.

 





Su religión mosaica: Mestizaje de dioses Mientras la mayoría de la literatura sobre los Bajau los coloca bajo el paraguas de Islam, lo que más reluce en la religiosidad popular de los de Cebú, es el apego al “baúl ancestral.” Ninguno de los Bajau de Cebú son musulmanes, pero dependiendo de que tengan o no otras creencias, cada hogar tiene su baúl. El baúl contiene objetos y pertenencias de cada ancestro que ha vivido con la familia (o clan). Pueden ser gafas de bucear, artículos de aseo (peines), o de adorno (bisutería). Los espíritus (o hantu) comparten el espacio familiar como otros miembros más—guardar objetos suyos es testimonio a que reconozcan su presencia. Es la convicción de que el espíritu del muerto todavía habita en esas reliquias, y es el deber de cada miembro apaciguarlo para que no los azote con enfermedades o tormentas marítimas.










Me produce una ternura y admiración enorme ver estas fotos y sobre todo, me produce una admiración inefable, conocer hasta que punto las persecuciones y procesos de asimilación históricas pueden llegar a arrojar a un pueblo a vivir en el mar. Reconozco que me impresionó mucho cuando descubrí a los GITANOS DEL MAR, LOS ÚLTIMOS NÓMADAS DEL MAR.

Séfora Vargas.

Fuentes: Artículo de Kent B. Albright en el XVI Congreso Internacional de Antropología Iberoamericana Universidad de Salamanca , reportaje de National Geographic, BBC, y 20 minutos.

 

Fotos de:  Claudio Sieber  y  Rehahn